No llama la atención que la imparcialidad se ironice, pero el participar del sistema es una forma de rendición en la búsqueda de la libertad. Participar en el sentido de creer, porque se puede estar en el (igual se esta en el), y no creer en el.
La globalización es arena en los ojos. Lo condicional es sacralizado, lo incondicional es tiranizado. Mientras se niega la creación, se usurpa la naturaleza. Mientras se afirma a un creador, se bloquean los caminos a su experiencia.
Hay aceptación y negación de Dios como si se tratara de una persona, de un ente institucional, pero el Origen es una energía. Al ser así, creer o no creer, es completamente carente de sentido. O hay camino de la experimentación o la vida en la ignorancia. El silencio es la revolución.
El desarrollo científico y el espiritual, están fundado en la misma cosa: La observación. Por un lado, la auto observación y por otro lado la observación objetiva, pero cuando las dos cosas trabajan juntas, se disuelve el limite entre sujeto y objeto, entre adentro y afuera, entre su interioridad y la convivencia con sus semejantes, entre el yo y la naturaleza de las cosas. estado vigila la conciencia dormida produciendo todos los ruidos posibles, porque el silencio puede despertarla, no son los ruidos urbanos del paisaje exterior, sino el ruido producido por las preocupaciones, las ansiedades, las ilusiones, la falsa identidad y todo lo que tiene raíz en la identificación (tremendo veneno en nuestras vidas).
El mundo esta en un punto de retro-alimentación de ruidos, durante mucho tiempo fue la circunstancia atenuante.
Esa vigilancia es la devoción y la ofrenda al padre de todos los miedos.
El estado trabaja para el poder y el poder depende de toda forma de derramamiento para existir, porque no puede vivir por sí mismo, no tiene sangre propia.